Fundamentos

Nos cuestionamos cuáles son las causas que generan la escasa comunicación que une a las disciplinas artísticas dentro de las artes escénicas -en la historia del teatro y demás manifestaciones-, o mejor aún, la falta de códigos comunes dentro de las producciones espectaculares. De esta manera, arribamos a la conclusión de que ningún arte dentro de la escena, es ajeno al funcionamiento de la vida misma. Por lo tanto, creemos necesaria la existencia de un diálogo fluido entre los distintos representantes de un hecho artístico, para que estos profesionales logren un buen entendimiento y se complementen en oficios.

Al plantear la articulación de este proyecto de iluminación, nos vimos en la necesidad de buscar antecedentes con las mismas características de este evento, que nos dieran el puntapié para comenzar con su confección y tener referentes que nos sirvan de guía. Lamentablemente, nos encontramos ante un escenario en condiciones de vacuidad. Dicho hecho nos motivó, desde nuestra humilde posición como alumnos de la carrera de Diseño en Iluminación de Espectáculos, a atravesar esta imperiosa travesía.

Varios han intentado subrogar el trabajo de los artistas en el horizonte de las manualidades. Es así como el arte debió recorrer un largo camino hasta llegar a convertirse en un producto de prodigio y, en algunas épocas, símbolo de estatus social. Lo cierto es, que el arte es un componente de la cultura, que refleja en su concepción los sustratos económicos y sociales. Es uno de los principales medios de expresión del ser humano, a través del cual manifiesta sus ideas y sentimientos, la forma como se relaciona con el mundo.

Retrotrayéndonos a los grandes exponentes de la historia del teatro, podemos mencionar  a tres personajes importantes, los cuales manifiestan a través de la iluminación distintos conceptos, estos son: Adolphe Appia, Bertolt Brecht y Antonin Artaud. Appia cree en la creación de una forma de expresión escénica más adecuada para la expresión de sentimientos, lograda a partir de una determinada profundidad dada por el efecto de la luz (claroscuro) sobre la escenografía –“La luz que revela la forma”-. Asimismo, Artaud manifiesta en su libro El Teatro y su Doble la importancia de una iluminación que interponga una acción particular sobre el espíritu, buscando efectos de vibración o similares para suscitar en el espectador sensaciones de calor, frío, cólera, miedo, etc. A esto lo llamó “teatro de la crueldad”, una violenta determinación física para destrozar la falsa realidad. Brecht reconfigura estos conceptos, recalcando la necesidad de una escenografía sencilla, la exposición de las luminarias a la vista del espectador, sumado a otros elementos en escena, que servirán para crear un efecto anti-ilusionista -extrañamiento-, para que el espectador razone y se cuestione lo que está viendo. Además, se opone a la semioscuridad de la escena, proponiendo escenas “muy vivamente iluminadas”.

De esta manera, la iluminación deja de ser la manifestación artística exclusiva de los artistas visuales, para pasar a constituirse como lenguaje visual estrechamente ligado a la acción dramática. Dentro de las artes escénicas, hallamos épocas de mayor protagonismo de una disciplina por sobre las otras. Así podemos hablar del poeta-escritor como máximo exponente en la antigüedad, pasando por la etapa del actor-rey de la escena, hasta los últimos tiempos, donde nos encontramos frente al concepto del director, que prima como ideólogo sobre cualquier producción. Anteriormente, era éste o el escenógrafo los que decidían sobre la correcta iluminación de un espectáculo, dejando algunas consideraciones importantes fuera de escena. Actualmente, el lugar del Diseñador de Iluminación es cuestionado dentro de cualquier producción artística, pasando a ser un protagonista más del equipo de producción.

En consecuencia, creemos posible afirmar que los excesos de protagonismo, no son más que barreras en el camino de la configuración de un espectáculo. Para que una idea pueda materializarse sin problemas, se deben analizar minuciosamente todos los recursos disponibles como herramientas de producción, y unificarlos en la práctica, a saber: escenografía, vestuario, maquillaje, iluminación, sonido, etc. Como bien menciona Peter Brook en su libro El espacio vacío, para una construcción teatral no debe trabajarse en aislación.

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